Los agricultores autónomos se han beneficiado de un cambio importante en el cálculo de sus prestaciones de jubilación desde principios de año. A partir de ahora, el importe de su pensión básica se basa en los veinticinco años más favorables de su carrera profesional, rompiendo con el antiguo sistema que computaba toda la trayectoria profesional y que a menudo penalizaba a quienes tenían ingresos irregulares.
Esta evolución es el resultado de un texto adoptado en 2023, cuyos decretos de aplicación se publicaron a finales de diciembre, lo que permite su aplicación a partir de 2026. El objetivo declarado de las autoridades públicas es acercar el régimen de los agricultores al de los empleados del sector privado y reflejar mejor la realidad económica de las profesiones sujetas a fuertes variaciones de ingresos.
Una reforma que se esperaba en un clima social tenso
El nuevo método de cálculo se aplica a todas las pensiones otorgadas a partir del 1 de enero de 2026. Para las otorgadas durante los dos primeros años de implementación, se prevé una revisión posterior para ajustar el importe pagado, si es necesario. Los sindicatos agrícolas celebran este avance, logrado tras muchos años de reivindicaciones, al tiempo que enfatizan que el nivel general de las pensiones sigue siendo un punto vulnerable para la profesión.
La implementación de esta medida llega en un momento de gran tensión para el sector agrícola, marcado por crisis sanitarias, económicas y comerciales. Para los representantes del sector, esta reforma es una señal positiva, pero insuficiente por sí sola para abordar todas las dificultades que enfrentan los agricultores.