La marca francesa de calzado Minelli ha sido puesta una vez más bajo administración judicial, lo que pone de manifiesto las persistentes debilidades de un sector que se enfrenta a una competencia internacional cada vez más agresiva.
Apenas dos años después del inicio del proceso y de una adquisición que se presentó como una tabla de salvación, la empresa no ha logrado revertir la situación. Inicialmente sometida a un procedimiento de salvaguardia, finalmente fue declarada insolvente en marzo por el tribunal de París. Esta decisión tiene graves consecuencias para esta marca histórica, fundada en 1973.
Un cambio de rumbo fallido a pesar de la reciente recuperación.
La empresa, adquirida en 2024 por nuevos inversores y ahora integrada en la estructura de Maison Minelli, aún no ha recuperado la estabilidad financiera. En su último ejercicio fiscal, registró pérdidas de 3,7 millones de euros.
Varios de los establecimientos adquiridos operan actualmente con pérdidas, lo que confirma que los esfuerzos de reestructuración no han sido suficientes para resolver las dificultades. Esta situación se produce tras un plan de despidos masivos que ya había reducido la plantilla en casi dos tercios, de aproximadamente 600 empleados a menos de 200.
Un sector bajo presión, atrapado entre la globalización y los desequilibrios.
Este último episodio ilustra las tensiones estructurales que afectan a la industria de la moda y el calzado en Francia. Ante el auge de las plataformas internacionales de bajo coste, a menudo ubicadas fuera de Europa, los minoristas tradicionales luchan por mantenerse competitivos.
Esta competencia, sumada a los altos costos y al rápido cambio en los patrones de consumo, está debilitando permanentemente a las empresas ya establecidas. Varias marcas se han visto obligadas a pasar por procedimientos similares en los últimos años.
En este contexto, la situación de Minelli va más allá del caso de una sola empresa: plantea la cuestión más amplia de la capacidad de Francia para preservar su tejido comercial frente a una globalización a menudo desequilibrada, en detrimento de sus empresas y empleos.
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