Este anuncio rezuma entusiasmo y una línea de producción en marcha: Haribo construirá una nueva planta de producción en su fábrica de Uzès, en la región del Gard, y se espera que el permiso de construcción se obtenga en abril. El cronograma ya está definido: la construcción comenzará en 2027 y la planta estará operativa a finales de 2028.
La dirección promete que el resultado serán líneas de producción de última generación capaces de aumentar la producción en un 50 % y reducir la huella de carbono de la planta en un 90 %. La ampliación sustituirá a un almacén que ha quedado obsoleto, lo que demuestra que el terreno, un bien escaso en otros lugares, sigue siendo un activo industrial muy valioso aquí.
Una extensión para seguir la afluencia de tráfico en Tagada y Dragibus.
Detrás de las cifras se esconde una estrategia clara: mantenerse al día con un mercado que no muestra signos de desaceleración, tanto en Francia como en el resto de Europa, donde Haribo sigue siendo el líder indiscutible, con ocho de los diez caramelos más populares del país en su catálogo. En Uzès, por lo tanto, continuarán ofreciendo Dragibus, fresas Tagada y Chamallows, mientras que en Marsella, confinados al centro de la ciudad, el potencial de expansión es limitado.
Haribo France, la filial más grande del grupo, emplea a 700 personas y produce 50.000 toneladas anuales; podrían crearse alrededor de treinta nuevos puestos de trabajo, mientras que la inversión, aún no cuantificada oficialmente, se estima entre 50 y 100 millones de euros. Una fábrica en expansión, una menor huella ambiental y una pregunta fundamental para el sector industrial local: ¿hasta qué punto puede la industria agroalimentaria conciliar volumen, energía y competitividad sin perder el contacto con el contexto local?
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