Entre 2019 y 2022, las empresas que mantuvieron el teletrabajo tras la crisis sanitaria experimentaron un aumento de productividad de entre el 0,7 % y el 1 % por cada diez puntos porcentuales de incremento en la proporción de teletrabajadores en su plantilla. Esta es la principal conclusión de un estudio realizado por el INSEE (Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos de Francia) en colaboración con DARES (Departamento de Estadística del Ministerio de Trabajo), con una muestra de 6600 empresas no financieras ni inmobiliarias. Los beneficios más significativos se observaron en las empresas que, en 2019, alquilaban oficinas separadas de sus centros de producción, gracias a la reducción del espacio de oficinas y a una menor interrupción de la actividad de los equipos.
La mayor parte de las ventajas no se deben al ahorro en bienes raíces, sino a transformaciones más profundas: mejora de los procesos de trabajo, mejor coordinación entre departamentos, una gestión más adecuada, reducción de los tiempos de desplazamiento, mayor autonomía de los empleados y un entorno más propicio para la concentración. En cinco años, esta práctica se ha expandido considerablemente: en 2024, el 22 % de los empleados del sector privado teletrabajaban al menos una vez al mes, frente a solo el 4 % antes de la pandemia, utilizando principalmente un modelo híbrido de dos días de trabajo remoto y tres días en la oficina.
Un umbral crítico más allá del cual los beneficios se esfuman.
Sin embargo, el estudio introduce un matiz importante: la correlación positiva entre el teletrabajo y la productividad solo se mantiene cuando la proporción de teletrabajadores es moderada. En cuanto supera el 20-25% de la plantilla, la mejora deja de ser estadísticamente significativa. Los autores atribuyen este límite al aumento de los costes de coordinación cuando demasiados empleados trabajan a distancia simultáneamente. Cabe destacar que este umbral coincide precisamente con la proporción media de teletrabajadores observada en el sector privado francés desde el final de la pandemia.
A nivel macroeconómico, los efectos positivos sobre la productividad empresarial pueden verse parcialmente contrarrestados por repercusiones negativas en sectores que dependen del trabajo presencial, especialmente en el sector inmobiliario de oficinas. Sin embargo, el estudio matiza esta conclusión al destacar que, a largo plazo, la adaptación gradual de la oferta inmobiliaria podría permitir que estos beneficios se extiendan a toda la economía. El tamaño de la empresa, por su parte, no altera esta relación: con características comparables, el vínculo entre el teletrabajo y la productividad se mantiene independientemente de la estructura de la empresa.
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