A un año de las elecciones municipales, la Guayana Francesa está presenciando el resurgimiento de figuras que muchos creían perdidas, y no solo por su edad política. En el oeste, varios candidatos están resurgiendo a pesar de las condenas por delitos de probidad, según información revelada por Le MondePara el votante, la escena tiene una sensación de déjà vu: los mismos nombres, las mismas promesas y ese ruido de ollas y sartenes que nunca se puede ahogar.
En Saint-Laurent-du-Maroni, la segunda ciudad más grande del territorio, Léon Bertrand anunció oficialmente su candidatura a mediados de enero. Exalcalde durante treinta y cinco años, exdiputado y exministro de Turismo, conoce cada calle y cada red, y regresa a ellas como si fueran su propia casa. Sin embargo, su historial legal está marcado por un caso relacionado con la adjudicación irregular de contratos públicos a principios de la década de 2000, cuando presidía la Autoridad Intermunicipal de la Guayana Occidental. Los tribunales lo declararon culpable de corrupción pasiva y favoritismo, con presuntos beneficios económicos relacionados con la financiación de campañas. En 2018, el Tribunal de Casación confirmó una severa condena: tres años de prisión, una multa de 80.000 euros y tres años de inhabilitación para ejercer cargos públicos.
Cuando la inelegibilidad se desvanece, la memoria flaquea
Luego vino el otro caso. En 2019, Léon Bertrand fue condenado de nuevo, esta vez por complicidad en malversación de fondos empresariales: dieciocho meses de prisión, una multa de 100.000 euros y tres años de inhabilitación para ejercer cargos públicos, todo ello relacionado con una indemnización por despido de 887.000 euros considerada injustificada, pagada en 2008 al director general de una empresa semipública que él presidía. En 2021, el Tribunal de Apelación de Cayena ordenó el cumplimiento simultáneo de las condenas; el exfuncionario electo acabó bajo arresto domiciliario con dispositivo electrónico tras pasar un total de once meses detenido, a pesar de haber anunciado en 2018 "el fin de [su] carrera política". Es evidente que algunas despedidas son más breves que otras.
En Apatou, una ciudad de unos 10.000 habitantes, Paul Dolianki también intenta un regreso. Alcalde desde 2008, fue condenado en 2021 por favoritismo, conflicto de intereses y malversación de fondos públicos: una condena de 18 meses en suspenso, una multa de 100.000 euros y una inhabilitación de cinco años para ejercer cargos públicos con efecto inmediato, lo que puso fin abruptamente a su mandato. Cinco años después, vuelve a la línea de salida, como si el reloj legal simplemente hubiera corrido su curso... y como si la política no tuviera otra fuente de candidatos.
Una pregunta muy concreta, casi íntima, persiste: ¿qué quieren castigar los habitantes de la Guayana Francesa: las acciones en sí, el historial local o nada en absoluto? La ley tiene su ritmo, las urnas el suyo, a menudo más impredecibles y a veces despiadados. Con la llegada de 2026, el oeste de la Guayana Francesa se convierte en una prueba a gran escala: ¿optará la democracia local por pasar página o releerá el pasado hasta el final?