Las bonificaciones representan ahora más de una cuarta parte de la remuneración de los funcionarios. De una nómina total de 76,5 millones de euros en 2025, las bonificaciones supusieron 19,1 millones, frente a los aproximadamente 12 millones de euros de 2015, lo que supone un aumento de más del 60 % en diez años. Casi dos millones de funcionarios están cubiertos por 543 planes de bonificación diferentes. Entre 2020 y 2025, su remuneración media en concepto de bonificaciones aumentó un 32,7 %, mientras que su salario base subió tan solo un 6,6 %. Las disparidades son considerables entre los distintos departamentos gubernamentales: las bonificaciones representan el 19 % de la remuneración en el Ministerio de Educación Nacional, frente al 67 % en el Ministerio de Europa y Asuntos Exteriores.
Esta tendencia se debe a que los sucesivos gobiernos han priorizado medidas específicas para contrarrestar la inflación o abordar las dificultades de contratación, en lugar de aumentar el valor del índice. Este valor se ha mantenido congelado durante tres años, a pesar de las demandas de los sindicatos, que preparan una movilización para finales de septiembre. Ante la proximidad del presupuesto de 2027, la Inspección General de Finanzas busca evaluar la eficacia de cada sistema de compensación e identificar posibles ahorros. Destaca, en particular, la falta de transparencia, el intercambio insuficiente de datos y las importantes disparidades entre las prácticas de los distintos ministerios.
Una compensación costosa cuya eficacia sigue siendo difícil de medir.
La prestación por residencia en el extranjero representa la principal fuente potencial de ahorro identificada. En 2025, supuso un coste de 486 millones de euros para 6.299 beneficiarios, principalmente empleados del Ministerio de Asuntos Exteriores. Su importe medio es de aproximadamente 77.000 euros brutos por persona al año. Si bien está destinada a compensar las condiciones de vida locales y las limitaciones asociadas al trabajo fuera de Francia, en ocasiones supera los gastos reales incurridos. Por consiguiente, la Inspección General de Finanzas (IGF) recomienda una evaluación detallada, país por país, para ajustar los importes. El informe también cuestiona el uso continuado de la prestación por teletrabajo, que se abona a 243.000 empleados con un coste anual de 30 millones de euros, y propone una distinción entre el teletrabajo obligatorio y el teletrabajo voluntario.
El subsidio de movilidad sostenible, que beneficia a 231.000 empleados y representa 63 millones de euros anuales, también está siendo revisado debido a la insuficiencia de datos sobre su impacto real en los patrones de desplazamiento. En términos más generales, la Inspección General de Finanzas (IGF) estima que la reforma de 2014, conocida como RIFSEEP, redujo el número de bonificaciones de 628 a 543, pero también generó costes adicionales al revalorizarse ciertos planes. Los inspectores proponen limitar la creación de nuevas bonificaciones y fusionar los planes menos utilizados. Han identificado 185 bonificaciones pagadas a menos de 100 empleados, alrededor de veinte que otorgan menos de 100 euros por beneficiario, y varios mecanismos particularmente obsoletos, ya que el 10 % de las bonificaciones actualmente en vigor se establecieron antes de 1970.

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