En La Folie Théâtre, Taxi Story ofrece una experiencia teatral contemporánea intensa e inmersiva, que podrá descubrirse hasta el 6 de junio de 2026. Representada por la compañía Zone 34, la obra sitúa al espectador en un escenario único donde la historia, centrada en un relato de amor y memoria, se desarrolla en un espacio minimalista pero cuidadosamente diseñado.
Dirección precisa y altamente estructurada
Desde los primeros minutos, la calidad interpretativa es innegable. Cyril Durel y Naima Maurel ofrecen una actuación matizada y controlada, con una precisión notable en sus matices emocionales. Su presencia sostiene el espectáculo sin decaer, a pesar del exigente formato de un espacio cerrado y la extrema cercanía con el público.
La puesta en escena complementa esta obra con gran rigor. El recurso del espejo, que sitúa a los actores frente a sus reflejos de espaldas al público, crea una constante doble mirada. El espectador puede elegir su punto de vista, entre la observación directa y la imagen reflejada, lo que aporta una inesperada profundidad visual a un espacio muy reducido. La iluminación y la banda sonora refuerzan esta sensación de intimidad y tensión, estableciendo una atmósfera continua e ininterrumpida.
Este enfoque tan preciso a veces puede dar la impresión de un control excesivo. En ocasiones, nos hubiera gustado que el juego fuera más espontáneo, que ciertas escenas se tomaran más libertades, reflejando la naturaleza emocional y caótica de la narrativa. Sin embargo, esta contención es ocasional y no resta mérito a la calidad general del juego.
Una historia íntima contada a través de una experiencia inmersiva.
Taxi Story narra la historia de Leo, un taxista que intenta retroceder en el tiempo para salvar su relación con Julie. Ambientada entre 2013 y 2018, la obra transita entre el pasado y el presente, difuminando deliberadamente los límites entre ambos. Este juego con el tiempo es fundamental: no se trata simplemente de contar una historia de amor, sino de cuestionar qué perdura, qué se desvanece y qué se reconstruye.
El aforo muy limitado —16 espectadores— realza la experiencia. Esta cercanía genera una implicación inmediata: no se observa la obra desde la distancia, sino que se forma parte de ella. Cada gesto, cada silencio cobra significado, y se invita al espectador a seguir los fragmentos de esta relación como si fuera un testigo directo.
Sin buscar efectos espectaculares, Taxi Story destaca por su coherencia y la precisión de su ejecución. Una producción sobria, ingeniosa y eficaz que confirma la maestría de la compañía Zone 34 en el teatro íntimo y exigente.
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