Tras cautivar a más de 600.000 lectores en su lanzamiento en 2022 y ser adaptada al cine con Jude Law como protagonista, la novela de Giuliano da Empoli cobra nueva vida en formato de novela gráfica. El mago del Kremlin (Casterman, 144 páginas, 24 €) está ilustrado por Luc Jacamon, coautor junto a Matz de la serie El asesino, adaptada al cine por David Fincher. Esta versión gráfica no es una transposición literal, sino una reinterpretación completa, donde el artista añade su toque personal sin perder de vista el espíritu del texto original.
Desde Siberia en 1965 hasta el ascenso de Putin: una fascinante historia sobre el poder.
La novela gráfica comienza en un paisaje desolado de la península de Taimyr en marzo de 1965, donde el joven Vadia sale de caza con su padre, funcionario público, y su abuelo, un antiguo aristócrata. Este mismo Vadia se convertirá en Vadim Baranov, un personaje ficticio inspirado en Vladislav Surkov, asesor de la vida real de Vladimir Putin. La historia lo sigue desde la caída de la URSS —cuando los rusos «habían crecido en una patria y se encontraban en un supermercado»— hasta su ascenso al poder como figura clave en la sombra del Kremlin, pasando por la televisión y los programas de telerrealidad. Lo vemos observando, en una oficina impersonal, cómo un funcionario del servicio secreto llamado Vladimir Putin acepta convertirse en el próximo presidente de Rusia. Baranov sueña con ser un Rasputín moderno, un hacedor de reyes, antes de darse cuenta de que Putin «sabe exactamente lo que quiere y cómo pretende imponer su poder», dejando a su asesor «siempre a merced de una guerra». Las figuras históricas —Putin, retratado en su característica inmovilidad, Limonov, Prigozhin— son descritas por el columnista Thierry Bellefroid en Musiq3 como "sorprendentemente fieles a la realidad".
Una estética Cinemascope, en algún punto entre el malva, el naranja y los bosques nevados.
Gráficamente, Jacamon opta por un enfoque minimalista: solo de cuatro a seis viñetas por página, con una paleta dominada por tonos malva y naranja que confieren al conjunto una atmósfera singular. Las viñetas de gran tamaño crean un efecto cinematográfico que cautiva al lector, transmitiendo cada una una gran cantidad de información a pesar de su aparente sencillez. Las secuencias del bosque nevado y las escenas de caza, donde el lobo y el oso reaparecen como símbolos recurrentes, se encuentran entre las más impactantes del libro. Esta adaptación resulta atractiva tanto para los lectores de la novela como para aquellos que se hayan sentido intimidados por su carácter académico.
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