El 11 de marzo de 1932, Francia adoptó la Ley Landry, que lleva el nombre del diputado y economista Adolphe Landry, estableciendo las primeras asignaciones familiares obligatorias. Ante un alarmante declive demográfico, el gobierno reconoció la importancia de apoyar a las familias numerosas. Hasta entonces, algunas empresas pagaban voluntariamente complementos salariales a los padres, pero esta ayuda seguía siendo limitada y desigual. La ley de 1932 extendió estos complementos a todos los empleados de la industria y el comercio con al menos dos hijos y exigió a los empleadores que contribuyeran a un fondo de compensación para financiar conjuntamente las asignaciones. Esta legislación marcó un paso clave en la implementación de una auténtica política pronatalista, que tendría una influencia duradera en las decisiones sociales del país.
Una respuesta al miedo al declive demográfico
Desde finales del siglo XIX, Francia se ha enfrentado al envejecimiento de su población, mientras que su vecino alemán experimentaba un fuerte crecimiento demográfico. En 1900, Francia contaba con 40 millones de habitantes, frente a los 56 millones de Alemania, lo que alimentó la preocupación por el poder del país. Tras la devastación de la Primera Guerra Mundial, la urgencia se hizo aún más evidente. Ya en 1913, la primera ley otorgó subsidios a las familias numerosas necesitadas, y en los años siguientes se introdujeron complementos salariales para funcionarios y militares. Sin embargo, estas iniciativas resultaron insuficientes y dispersas. Por lo tanto, la Ley Landry pretendía institucionalizar y generalizar el apoyo a las familias mediante un sistema financiado colectivamente por las empresas.
Hacia una política familiar estructurada
La aprobación de esta ley sentó las bases para una política familiar más ambiciosa. Los problemas demográficos se convirtieron en una preocupación central en la década de 1930, lo que condujo a la creación del Alto Comité de Población en 1939. Ese mismo año, el Código de Familia, inspirado por el demógrafo Alfred Sauvy, reforzó las asignaciones familiares, haciéndolas progresivas a partir del tercer hijo y extendiéndolas a los agricultores. Esta política familiar experimentó otra importante evolución tras la Segunda Guerra Mundial con la creación de la Seguridad Social en 1945, integrando las asignaciones familiares como un pilar clave del modelo social francés. Incluso hoy, Francia sigue siendo uno de los pocos países donde estas asignaciones son universales, perpetuando así el legado de la Ley Landry y el compromiso de convertir la natalidad en una prioridad nacional.