El 10 de marzo de 1906, una violenta explosión devastó varias minas de la Compañía Minera de Courrières en la cuenca carbonífera de Pas-de-Calais. El desastre afectó a las localidades de Méricourt, Billy-Montigny y Sallaumines, causando oficialmente la muerte de 1099 mineros, aunque algunos estiman que el número real de víctimas podría ascender a 1200. Sigue siendo el peor desastre minero ocurrido en Europa.
Una devastadora explosión en los túneles.
En la mañana del 10 de marzo, casi 1.800 mineros descendieron a los túneles ubicados a más de 300 metros bajo tierra. Alrededor de las 6:30 a. m., se produjo una violenta explosión en una obra de la mina. Probablemente se desencadenó por la ignición de un charco de grisú, un gas altamente inflamable presente en las minas de carbón.
La explosión remueve inmediatamente el polvo de carbón acumulado en los túneles. Este polvo, particularmente explosivo, se enciende, provocando lo que los mineros llaman una "explosión de polvo". La llama recorre aproximadamente 110 kilómetros a través de los túneles en menos de dos minutos, destruyendo todo a su paso y transformando los túneles en un auténtico horno.
La fuerza del impacto fue tal que los escombros salieron despedidos de los pozos y las instalaciones de superficie sufrieron graves daños. En las profundidades de la mina, cientos de trabajadores murieron instantáneamente o se asfixiaron por los gases tóxicos que llenaron los túneles.
Una tragedia que sacude a la sociedad
El anuncio del desastre desató una inmensa conmoción en Francia y en el extranjero. Miles de familias se congregaron alrededor de los pozos con la esperanza de encontrar a sus seres queridos. Las labores de rescate se organizaron rápidamente y equipos especializados de Bélgica y Alemania se unieron a las operaciones.
La búsqueda resultó extremadamente difícil debido a derrumbes, incendios y gases letales. Tres semanas después de la explosión, trece mineros lograron llegar a la superficie tras deambular durante días por los túneles. Un último sobreviviente fue encontrado pocos días después, lo que despertó una inmensa esperanza entre sus familias.
Sin embargo, la gestión del desastre por parte de la compañía minera desató una profunda indignación entre los mineros. Creyendo que las labores de rescate se habían detenido demasiado rápido, los trabajadores de la cuenca carbonífera iniciaron una huelga masiva. Decenas de miles de mineros se movilizaron y la tensión se intensificó hasta tal punto que el gobierno envió al ejército para restablecer el orden.