La anunciada participación de Rusia en la Bienal de Venecia de 2026 ya ha provocado fuertes protestas. Ucrania ha instado a los organizadores a revertir esta decisión e impedir el regreso de Rusia a este importante evento de arte contemporáneo, cuya próxima edición está prevista del 9 de mayo al 22 de noviembre.
En un comunicado, el ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Andriy Sybiga, y el ministro de Cultura, Tetiana Berezhna, pidieron a la Bienal mantener el enfoque adoptado en 2022 y 2024, cuando Rusia fue excluida del evento, según AFP.
Kyiv denuncia el uso político de la cultura por parte de Moscú
Para las autoridades ucranianas, el problema va más allá de los asuntos puramente artísticos. Kiev cree que Rusia utiliza la cultura como herramienta de influencia y, por lo tanto, considera inaceptable su presencia en grandes eventos internacionales mientras la guerra continúe. En su declaración, ambos ministros también destacaron el coste humano y cultural del conflicto para el sector cultural ucraniano, citando la muerte de cientos de artistas y la destrucción de numerosos sitios, según AFP.
La controversia es aún más intensa dado que Rusia se reincorporará oficialmente a la edición de 2026 tras dos ediciones marcadas por su ausencia. En 2024, su pabellón incluso fue alquilado a Bolivia. Esta vez, cerca de 40 artistas rusos participarán en la exposición "El árbol tiene sus raíces en el cielo", prevista para el pabellón ruso.
Un retorno ya recuperado en el terreno simbólico
Kiev considera este regreso una victoria política para Moscú. Mijaíl Shvydkóy, representante especial de Vladímir Putin para la cooperación cultural internacional, ya lo considera una prueba de que la cultura rusa no está aislada y de que los intentos de silenciarla han fracasado, según los artículos originales.
El asunto adquiere una dimensión más amplia, ya que coincide con la reapertura de otras instituciones rusas en el escenario internacional, lo que genera protestas en Ucrania. La Bienal de Venecia, uno de los eventos más importantes del arte contemporáneo, se encuentra así en el centro de un debate donde la creación artística, la diplomacia y la guerra se entrelazan.