En Bochum, los espectadores irrumpieron en el escenario después de los comentarios de un personaje fascista.
En Bochum, los espectadores irrumpieron en el escenario después de los comentarios de un personaje fascista.

El estreno de Catarina y la belleza de matar fascistas, el 14 de febrero de 2026, en el Teatro Bochum (Alemania occidental), se sumió en el caos a mitad de la función. El epicentro del incidente fue un largo monólogo de un personaje de extrema derecha, que provocó abucheos, silbidos y un intento del público de invadir el escenario, según informó Radio France.

Un monólogo de 15 minutos que incendia las gradas

La obra de Tiago Rodrigues retrata a una familia que, durante 70 años, ha ejecutado ritualmente a un fascista para vengar a Catarina Eufémia, una campesina asesinada en 1954 bajo la dictadura de Salazar. La narrativa enfatiza las divisiones internas: la generación más joven cuestiona esta matanza anual y la forma en que se defiende la democracia, mientras que la familia, a pesar de todo, se prepara para designar a una nueva víctima, según los acontecimientos presentados en escena.

Fue durante el acto final que estallaron las tensiones. El actor Ole Lagerpusch, que interpretaba a un funcionario de extrema derecha que se enfrentaba a la ejecución, pronunció una diatriba de aproximadamente quince minutos describiendo un programa radical. Según el portavoz del teatro, Alexander Kruse, citado por Radio France, «dos miembros del público subieron al escenario» con la aparente intención de «arrastrar al actor hacia atrás del escenario». El actor evitó por poco una naranja lanzada desde el público y continuó hasta el final a pesar de la hostilidad.

Un programa ya rodeado de controversia, se reavivó el debate sobre su recepción

Este incidente no es del todo inédito: ya en 2022, el espectáculo tenía fama de ser una función arriesgada, con casos reportados de abucheos, abandono del público e incluso intentos de agresión en el escenario. Esta vez, en Bochum, el incidente ha dejado una huella imborrable, a pesar de que la obra ya se había representado en otros lugares, especialmente en Francia, sin incidentes importantes.

Tras la función, la directora eslovena Mateja Koleznik, entrevistada por The Guardian, denunció la "estupidez y brutalidad" del público involucrado y elogió al actor, descrito como "traumatizado" por el incidente. El crítico Martin Krumbholz también criticó a algunos espectadores, argumentando que no lograron distinguir entre ficción y realidad. Más allá de la velada en sí, el incidente reaviva una cuestión delicada: cómo representar la violencia ideológica en el escenario sin que la encarnación de la retórica extremista se convierta, para algunos, en un detonante de confrontación en la vida real.

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