En los territorios franceses de ultramar, corre la voz, como un rumor que la gente prefiere confirmar antes de que se propague: los precios del combustible van a subir. Varios prefectos se han pronunciado en los últimos días para advertir a la población de un aumento "significativo" que se avecina, en un contexto de tensiones en Irán y la crisis del petróleo.
La situación resulta aún más llamativa si se tiene en cuenta que el coste de vida allí ya supera el de la Francia continental, con una dependencia casi total de las importaciones. En los departamentos de ultramar, los precios siguen estando regulados por el Estado, pero esta regulación no es la solución definitiva cuando los precios del petróleo se disparan.
La bomba, un barómetro social bajo vigilancia
En la Guayana Francesa, el prefecto Antoine Poussier anunció un fuerte aumento en los precios del petróleo crudo y los costos de refinación, que entrará en vigor el 1 de abril, lo que previsiblemente ejercerá presión sobre los precios del diésel. Los transportistas esperan con preocupación la llegada de la factura: Dominique Mangal, presidente del sindicato, advierte que algunas empresas prevén operar con pérdidas.
En Martinica, el prefecto Etienne Desplanques convocó a los agentes económicos y prometió un aumento "menos pronunciado que en la Francia continental", al tiempo que hizo hincapié en la inexorabilidad de los precios regulados, indexados a los precios del mercado global y al tipo de cambio euro-dólar. Anticipa que los precios del diésel se aproximarán a los máximos alcanzados al inicio de la crisis ucraniana y asegura que los márgenes en la refinería de Lamentin y las estaciones de servicio "se mantendrán estables", un mensaje cuidadosamente elaborado para una isla aún marcada por las tensiones sociales de finales de 2024.
En Guadalupe, la prefectura menciona un posible aumento de unos 20 céntimos e insiste en controlar los márgenes de beneficio: el Estado afirma que no hay posibilidad de que Sara, mayoristas o minoristas obtengan ganancias. El mensaje es claro, casi didáctico, como si la administración caminara sobre la cuerda floja: contener la ansiedad sin prometer lo imposible. Una realidad innegable persiste, sentida por todos con cada repostaje, entre los desplazamientos diarios y los presupuestos ya ajustados: en estos territorios, el precio del combustible nunca es solo un número, es un termómetro, y está empezando a subir.
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