Quienes esperaban con ansias la más mínima mejora en la pantalla electrónica de la gasolinera tendrán que tragarse su optimismo. Michel-Édouard Leclerc, invitado a CNews el lunes, enfrió el ambiente: según él, los precios del combustible "no bajarán pronto". Diez días antes, el jefe del comité estratégico de E.Leclerc se había mostrado más confiado, sugiriendo un descenso a corto plazo. El cambio es drástico, casi abrupto, y dice mucho sobre el clima de incertidumbre actual.
Porque, explica, en la práctica los precios de compra fluctúan sin previo aviso, lo que hace que cualquier estrategia de abastecimiento sea arriesgada. Habla de variaciones "de 60 centavos" y pronuncia esta frase que resume la situación actual: "Es imposible tener un plan de compra" para los próximos días. El consumidor, por su parte, ve cómo el costo del combustible reduce su presupuesto, y cada viaje se convierte en una pequeña negociación.
Detrás de estas convulsiones, el contexto internacional tiene un gran peso. La crisis en Oriente Medio persiste, y el estrecho de Ormuz, paso clave para el flujo de petróleo, sigue bloqueado por Irán. El lunes 20 de abril, el precio del barril de petróleo subió, alimentando los temores sobre el suministro y el transporte. Cuando este cuello de botella se cierra, aunque sea parcialmente, toda la cadena se ve afectada, desde los buques cisterna hasta la refinería, e incluso hasta la boquilla de la bomba.
En la gasolinera, la guerra marca el ritmo.
El empresario ya no habla de unas pocas semanas difíciles, sino de un periodo prolongado. Menciona "al menos seis meses" de interrupción, que se extenderán hasta el invierno, señalando el estado de la infraestructura afectada y los barcos que aún permanecen inmovilizados en la zona. En otras palabras, la idea de un rápido declive se desvanece, y la perspectiva de un precio persistentemente alto se afianza, como un patrón climático que se resiste a cambiar.
En el ámbito político, ha resurgido el debate sobre los márgenes de beneficio de los minoristas, y Michel-Édouard Leclerc descarta la idea de los controles de precios, argumentando que esto "no los hará bajar". Advierte sobre el peligro de atacar a las personas equivocadas y propone una alternativa: suspender temporalmente, con un ajuste "mensual", ciertos impuestos vinculados a los certificados de ahorro energético, con un impacto que estima en unos 17 céntimos por litro. Asimismo, subraya que los beneficios los obtienen principalmente "los estados productores de petróleo, los minoristas, las refinerías y los comerciantes", y sugiere que el superávit del IVA resultante del aumento de precios podría redirigirse a ciertos sectores, dado que considera que el crecimiento económico está en peligro.
Una verdad desagradable pero persistente permanece: mientras el precio del petróleo siga sujeto a tensiones geopolíticas y bloqueos marítimos, por mucho que Francia hable de impuestos y márgenes de beneficio, los conductores seguirán pagando por esta incertidumbre por litro. Las próximas semanas revelarán si el gobierno opta por medidas de mitigación fiscal, si los distribuidores pueden reducir aún más sus márgenes y hasta qué punto la economía cotidiana aceptará este aumento de precio como la nueva normalidad.
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