Con la Copa Mundial de 2026 acercándose en Estados Unidos, Canadá y México, crece la polémica en torno a los costos… esta vez relacionados con el transporte. Tras las críticas por el precio de las entradas, ahora son las tarifas para llegar a los estadios estadounidenses las que están provocando indignación entre los aficionados.
En Boston, un billete de tren de ida y vuelta al Gillette Stadium se anuncia a 80 dólares, casi diez veces la tarifa habitual. Las alternativas son apenas más económicas: 95 dólares por autobuses especiales y hasta 175 dólares por una plaza de aparcamiento. En Nueva Jersey, también se están considerando precios superiores a los 100 dólares para viajar desde Manhattan al MetLife Stadium.
Ante esta acumulación de costes, varios grupos de aficionados denuncian el carácter elitista de la competición. Algunos señalan una ruptura con torneos anteriores, donde el transporte solía estar incluido o se ofrecía a precio reducido para los poseedores de entradas. Se acusa a la FIFA de favorecer a un público más adinerado en detrimento de los aficionados tradicionales.
La FIFA se enfrenta a críticas por sus ingresos.
Las críticas también se intensifican desde el ámbito político. Funcionarios electos estadounidenses denuncian los precios como excesivos, argumentando que el evento, que cuenta con una importante financiación y es altamente lucrativo, debería seguir siendo accesible al público más amplio posible. Esto cobra especial relevancia si se tiene en cuenta que la FIFA podría generar cerca de 11 millones de dólares en ingresos durante esta edición.
Paradójicamente, las ciudades anfitrionas recibieron 100 millones de dólares en ayuda federal para mejorar su infraestructura de transporte. A pesar de ello, algunas autoridades locales justifican el aumento de precios alegando los elevados costes logísticos y de seguridad propios de un evento de esta magnitud.
Sin embargo, no todas las ciudades siguen esta tendencia. En Los Ángeles, se prevé que el transporte público al estadio mantenga sus tarifas habituales, lo que demuestra que aún es posible otro enfoque. Pero para muchos aficionados, la impresión generalizada es que asistir al Mundial de 2026 podría convertirse en un lujo.
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