Según La Nouvelle République, varios parlamentarios de diversos orígenes han testificado sobre los insultos, sospechas y discriminación que afirman sufrir en la Asamblea Nacional. La vicepresidenta de la institución, Nadège Abomangoli (LFI), decidió recientemente presentar una denuncia tras recibir una carta en la que se afirmaba que "una mujer negra no tiene cabida" en su cargo. Si bien la diputada afirma haber desarrollado una gran resistencia ante estos ataques, la impunidad de la que gozan algunos de los perpetradores la ha impulsado a emprender acciones legales.
Más allá de los mensajes racistas, varios funcionarios electos describen un clima más generalizado de microagresiones. Algunos denuncian haber sido confundidos con otros parlamentarios negros, tomados por asistentes o obligados a demostrar repetidamente su estatus mostrando sus credenciales. También circulan mensajes de odio en redes sociales, dirigidos en particular contra los diputados Aly Diouara y Carlos Martens Bilongo.
Diferentes experiencias según el origen y las afiliaciones políticas
Sin embargo, los testimonios recopilados revelan realidades contrapuestas. Algunos funcionarios electos afirman sentirse relativamente protegidos en la Asamblea Nacional, mientras que otros denuncian un entorno donde los estereotipos y los códigos sociales pueden reforzar sentimientos de exclusión. La politóloga Françoise Vergès también enfatiza el papel de la clase social, señalando que los parlamentarios de origen obrero siguen siendo escasos.
Las tensiones a veces incluso se extienden al hemiciclo de la Asamblea Nacional. En 2022, un discurso del diputado de LFI (Francia Indomable), Carlos Martens Bilongo, fue interrumpido por un diputado de la Agrupación Nacional que gritó: «Debería volver a África», lo que desató una acalorada polémica y medidas disciplinarias. En términos más generales, varios cargos electos afirman que operan en un lugar marcado por una historia y símbolos que aún evocan una Francia «blanca, masculina y burguesa».
Para algunos parlamentarios, la respuesta ahora reside en una acción política y legal más visible. Se han presentado denuncias y ya se han dictado varias condenas por ciberacoso racista.