En Tailandia, la pobreza aumenta a pesar de un ligero crecimiento económico. Según el Consejo Nacional de Desarrollo Económico y Social (NESDC), 3,4 millones de personas vivían por debajo del umbral de pobreza en 2024, lo que representa el 4,9 % de la población, en comparación con el 3,4 % en 2023. Esta preocupante tendencia contrasta con las prácticas anteriores, donde el crecimiento económico generalmente venía acompañado de una disminución de la pobreza.
El informe, presentado en el marco del XIII Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social (2023-2027), destaca que la distribución de las oportunidades económicas sigue siendo desigual entre regiones y sectores. Este fenómeno se ha vuelto crónico en ciertas provincias, en particular Pattani y Mae Hong Son, donde las tasas de pobreza se encuentran entre las más altas desde hace más de quince años.
La mayoría de las personas pobres vive en el sector agrícola, donde la tasa de pobreza alcanza el 9,6%. El bajo nivel educativo es un factor determinante: una gran proporción de los hogares afectados no ha superado la educación primaria.
Los hogares con niños de entre 6 y 14 años también son particularmente vulnerables, con una tasa de pobreza del 8,7 %. El coste de la vida y las limitaciones para el cuidado infantil limitan las oportunidades de empleo de algunos miembros del hogar, lo que aumenta el riesgo de inseguridad financiera. Además, 4,3 millones de personas se encuentran justo por encima del umbral de pobreza y podrían volver a caer en él en caso de una crisis económica.
Durante la pandemia de COVID-19, la pobreza disminuyó gracias a las medidas de apoyo del gobierno. Desde entonces, las autoridades han continuado sus esfuerzos mejorando la asistencia social, incrementando las asignaciones familiares y ampliando los subsidios educativos.
El NESDC también hace hincapié en una mejor identificación de las poblaciones vulnerables mediante mecanismos basados en datos. Sin embargo, el sistema de protección social sigue estando fragmentado, con solapamientos para algunos beneficiarios y deficiencias para otros, lo que limita la eficacia de las políticas públicas.
El informe señala varios obstáculos estructurales: falta de incentivos para las autoridades locales, datos longitudinales insuficientes para seguir las trayectorias de los hogares, dificultades de coordinación entre organizaciones y restricciones legales que dificultan el intercambio de información.
A pesar de la creciente conciencia de la emergencia social, la integración de las políticas públicas sigue siendo lenta. Para las autoridades tailandesas, el principal desafío ahora reside en transformar los programas de ayuda a corto plazo en soluciones sostenibles capaces de reducir la pobreza intergeneracional y las desigualdades regionales.