Era 12 de abril: el Erasmus atracó en Japón y cambió el curso de la historia del comercio.
Erasmus

El 12 de abril de 1600, un barco holandés llamado Liefde, también apodado Erasmo por su mascarón de proa que representaba al santo patrón de los marineros, atracó por casualidad en la costa japonesa de Bungo, en la isla de Kyushu. Último superviviente de una flota de cinco barcos que había zarpado dos años antes de la República Holandesa con destino a las Indias Orientales, el Liefde se encontraba en un estado lamentable. A bordo solo viajaban veinticuatro hombres demacrados y enfermos, entre ellos un piloto inglés de 42 años: William Adams. Este desembarco improvisado marcó el inicio de un punto de inflexión histórico en las relaciones entre Europa y Japón.

En aquella época, Japón era una tierra celosamente custodiada por misioneros y comerciantes portugueses, católicos hostiles a la presencia protestante. A la llegada del Liefde, los jesuitas portugueses denunciaron a la tripulación como piratas y exigieron su ejecución. Pero Tokugawa Ieyasu, el futuro shogun y hombre fuerte del país, prefirió interrogar a estos hombres de un mundo lejano. Fascinado por las habilidades de William Adams en navegación, astronomía y construcción naval, decidió no solo perdonarlo, sino mantenerlo en su corte. Adams se convirtió así en el primer británico en alcanzar el rango de samurái.

Gracias a la confianza de Tokugawa Ieyasu, Adams abrió gradualmente Japón a los holandeses, rivales de los portugueses. En 1609, la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC) obtuvo permiso para abrir un puesto comercial, presagiando una alianza que duraría más de dos siglos. En cuanto al Liefde, finalmente se desintegró en la costa japonesa poco después de su llegada. Solo se conservó su mascarón de proa, que representaba a Erasmo, como símbolo de una increíble odisea. Este naufragio fortuito se convirtió así en el punto de partida de una importante relación diplomática y económica entre Japón y la Europa protestante.

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