El martes 24 de marzo, un informe de la ONU puso de relieve un problema discreto pero trascendental: los peces migratorios de agua dulce se encuentran entre las especies más amenazadas del mundo. Salmón del Atlántico, trucha de montaña, grandes peces de cuencas tropicales… la misma situación, la misma fragilidad. Su vida pende de un hilo, o mejor dicho, de una franja continua de agua, formada por ríos, humedales y, a veces, estuarios: ese espacio intermedio donde el agua dulce se encuentra con el mar.
Pero este ecosistema se está desgarrando. Represas, terraplenes, la desecación de humedales, la contaminación, la sobrepesca en algunas regiones: las presiones se acumulan y fragmentan los hábitats. El lector puede intuir que un pez migratorio no solo necesita agua limpia; necesita paso, continuidad, una ruta despejada. Cuando el curso de agua se convierte en un laberinto de obstáculos, la migración se interrumpe y la reproducción sigue el mismo camino.
Vías fluviales cortadas abruptamente
El informe ilustra esta dependencia con un caso espectacular: el bagre dorado. Este pez puede alcanzar los dos metros de longitud y su migración de ida y vuelta supera los 11.000 kilómetros entre los Andes y el Atlántico, atravesando varios países latinoamericanos. Los autores la presentan como la migración de agua dulce más larga conocida. A esta escala, la más mínima alteración del hábitat se asemeja a una barrera aduanera colocada en medio de una carretera nacional, con la diferencia de que aquí nadie da marcha atrás por comodidad.
Esta advertencia llega en un momento en que la diplomacia ambiental cobra protagonismo: la COP15 del Convenio sobre la Conservación de las Especies Migratorias (CMS) se inauguró el lunes 23 de marzo en Brasil. Lo que está en juego es real: 325 especies de peces migratorios de agua dulce requieren esfuerzos coordinados entre países para evitar su extinción. La coordinación suele ser un término controvertido, ya que una cuenca hidrográfica ignora las fronteras, mientras que las políticas públicas las respetan escrupulosamente.
Este documento se presenta como la primera evaluación global que ofrece una visión general tan detallada del estado de conservación de estos peces. Desde la evaluación anterior de 2011, el número de especies evaluadas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza para su "Lista Roja" ha aumentado de aproximadamente 3000 a casi 15 000, incluyendo cerca de 900 especies migratorias. Una crisis de biodiversidad puede permanecer invisible durante mucho tiempo en las cuencas fluviales, hasta que el río parece seguir fluyendo, pero solo transmite silencio, y entonces ya es demasiado tarde.
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