Salmones dopados contra su voluntad: cuando la cocaína remonta el río
Salmones dopados contra su voluntad: cuando la cocaína remonta el río

Hemos oído hablar de ciudades que nunca duermen. Ahora, conozcan peces que nunca dejan de nadar. En el lago Vättern, Suecia, los salmones del Atlántico expuestos a la cocaína en el agua se mueven mucho más que sus congéneres, según un estudio realizado por la Universidad Griffith de Australia y la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, publicado el lunes 20 de abril. Un descubrimiento científico, sí, pero también una advertencia sobre lo que circula en nuestros ríos, lejos de nuestra vista.

En concreto, los investigadores rastrearon salmones en su entorno natural tras un periodo de exposición a sustancias relacionadas con la cocaína. Se tomaron muestras de aproximadamente cien ejemplares, que posteriormente fueron expuestos a cocaína o a benzoilecgonina, un metabolito producido por el organismo tras su consumo. El resultado: a lo largo de una semana, los peces expuestos a la cocaína nadaron 1,9 veces más lejos que los demás. El grupo expuesto al metabolito también mostró una mayor actividad, recorriendo 12,3 kilómetros adicionales durante el periodo de observación.

Este detalle numérico puede parecer anecdótico, pero no lo es. Cuando un animal cambia su comportamiento, rara vez es para ajustarse a las estadísticas. Los autores se centran aquí en el movimiento, un indicador clave: moverse más implica gastar más energía, asumir otros riesgos y modificar los patrones de caza o huida. En resumen, el equilibrio del animal puede verse sutilmente alterado.

La contaminación invisible de las aguas residuales

La contaminación invisible de las aguas residuales: Los científicos vinculan estas observaciones a un fenómeno más amplio: la contaminación de los ríos y arroyos por residuos de drogas y productos farmacéuticos, provenientes principalmente de las aguas residuales. «Cualquier cambio anormal en el comportamiento animal es preocupante», declaró Marcus Michelangeli, coautor del estudio, citado por la Australian Broadcasting Corporation (ABC). Señala una realidad inquietante: el aumento de las concentraciones de narcóticos y productos farmacéuticos ilícitos en los ríos, como si nuestros desechos estuvieran creando su propia farmacopea incontrolada.

Detrás de este comportamiento descontrolado del salmón se esconde un mecanismo muy concreto: lo que consumimos, lo que excretamos, lo que desechamos y, posteriormente, lo que las plantas de tratamiento de aguas residuales no siempre retienen. El profesor Michael Bertram, de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, aboga por reforzar el tratamiento y la monitorización de las aguas residuales. Insiste en que estas sustancias representan un grave problema medioambiental, no solo un problema social o de salud pública.

Europa ya está analizando sus aguas residuales como un barómetro de los hábitos humanos. En Bélgica, un estudio publicado en marzo reveló la presencia de cocaína en todo el país y un aumento en el consumo de ketamina. Sin embargo, persiste una perspectiva menos alentadora: si nuestros ríos se convierten en indicadores del consumo de drogas, también servirán como criadero de fauna silvestre, y la cuestión ya no es solo qué toleramos en las calles, sino qué permitimos que termine en el agua.

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