Al menos 30 personas murieron el miércoles en dos ataques en el centro de Malí. Los atentados tuvieron como objetivo dos localidades distintas de esta región, ya asolada por la inseguridad crónica. El grupo yihadista JNIM, vinculado a Al Qaeda, reivindicó rápidamente la autoría de estos ataques mortales, que forman parte de una serie de atentados contra civiles y autoridades locales.
Una región bajo presión yihadista
Esta nueva ola de violencia refleja un marcado deterioro de la seguridad en el centro del país. La zona es blanco frecuente de grupos terroristas armados que aprovechan las debilidades del aparato militar y la dificultad que tienen las fuerzas malienses para controlar este vasto territorio. Los habitantes de estas regiones viven bajo la constante amenaza de represalias e incursiones armadas.
El JNIM lleva varios meses intensificando sus operaciones en el Sahel. Este grupo yihadista busca expandir su control territorial y desestabilizar a las autoridades existentes. Los ataques del miércoles sirven como recordatorio de la persistente amenaza terrorista en Malí, a pesar de los esfuerzos de las fuerzas de seguridad por recuperar el control de las zonas en disputa.
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